Las chicas de Sally

En una sociedad en la que no importa tanto quien eres o que haces, sino quien aparentas ser y cuantos likes eres capaz de acumular en cada una de tus publicaciones, la cotidianidad representa un soplo de aire fresco. Un despertar de esa somnolienta y ficticia realidad paralela creada principalmente a partir de las redes sociales.

Las redes sociales no dejan de ser el escaparate perfecto para mostrar aquello que anhelamos, que en muchas ocasiones no coincide con la realidad, sin darnos cuenta de que lo cotidiano, aquello que nos rodea y que vivimos a diario, puede tener más encanto que cualquier publicación previamente editada con cinco filtros diferentes. Cierto es que no resulta fácil encontrar, o dotar de un “charm” especial a nuestro ámbito cotidiano, pero quizás es porque no sabemos mirarlo desde la perspectiva adecuada. Por suerte existen magos y magas que con sus varitas en forma de lápiz son capaces de transformar cualquier momento del día en una obra digna de adornar tu rincón favorito. Sally Nixon es sin lugar a dudas una de esas magas, con una habilidad característica y sorprendente para plasmar el “backstage” del mundo femenino, consiguiendo que te sientas identificada en cada uno de sus trazos.

Procedente de Little Rock, Arkansas, esta ilustradora estadounidense  fue colaboradora habitual del desaparecido magazine de corte feminista “Lenny Letter”, propiedad de la actriz Lena Dunham.  Pero si por algo es conocida es por sus dibujos de mujeres en una intimidad desprovistas de cualquier ápice de glamour, como forma de combatir la hipersexualización que de la mujer se hace hoy en día en cine, anuncios y redes sociales entre otros medios.

Sus láminas reflejan todo tipo de situaciones cotidianas en las que las mujeres quedan libres de cualquier falso artificio y se reflejan estados tan comunes como la pereza, el cansancio, la despreocupación o el hastío. Con ellas Sally Nixon quiere dejar claro que no estamos ante mujeres deprimidas ni mucho menos, sino que es importante saber que cuando una mujer está sola no está preocupada por impresionar a nadie ni por aparentar una determinada forma de ser. Puede ser completamente ella misma sin tener que preocuparse de las opiniones de la gente.

Unos trazos muy característicos, el impecable y acertado uso del color y su capacidad para conectar con el público femenino, el cual se siente identificado y reflejado casi al instante en cada uno de sus dibujos, son sin duda algunas de las cualidades que hacen de Sally Nixon una de las mejores ilustradoras de su genero.

Si todavía no conoces su trabajo te invito a que te adentres en su universo, porque nadie celebra tanto la realidad y a las mujeres como ella. ¡Larga vida a las chicas de Sally!

 

 

 

El particular universo de Isabelle Feliu

En el trabajo, como en la vida, resulta fundamental tener un estilo propio, una personalidad que te diferencie de la masa y que sea un reflejo de ti misma. Encontrar ese valor diferencial que te permita destacar entre la multitud y llamar la atención de propios y extraños no es tarea fácil, pero tampoco imposible. Muestra de ello es Isabelle Feliu, una joven ilustradora canadiense cuyo personalísimo trabajo le ha llevado a colaborar con firmas tan importantes como Delpozo, Puma o Whit New York.

Tras estudiar diseño de moda y merchandising Isabelle decidió abandonar su Quebec natal y trasladarse a Oslo, en busca de nuevas experiencias vitales y profesionales. Fue en la ciudad europea donde, alejada de la rutina y con mayor tiempo libre, descubrió que la ilustración era su verdadera pasión y en ella debía concentrar todos sus esfuerzos. Fruto de esa dedicación y entusiasmo la joven ilustradora ha creado un universo muy particular en el que las mujeres y la moda son los auténticos protagonistas.

Isabelle Feliu se aleja de los convencionalismos y limitaciones propias de la industria de la moda para mostrarnos la cara más amable de la misma. Un mundo relajado poblado por mujeres de razas y culturas diferentes con cuerpos plagados de curvas y una elegancia y estilo superlativos. Cada una de sus ilustraciones son sin duda un canto de amor a la moda, realizado con un gusto exquisito y una gran sensibilidad, donde los colores pastel y el empleo de elementos propios de la naturaleza juegan un papel fundamental. Isabelle es el ejemplo perfecto de como la ilustración consigue dotar de realismo, naturalidad y frescura a una industria que a veces peca de ser excesivamente restrictiva y superficial.